—Quisiera que estuvieras

en mi vida, no importa si la mejoras o la arruinas.

—Regularmente ustedes, son los que me arruinan.

¿Qué tan cierto es que ellos lo son?

Me atrevo a escribir que es debido a la socialización, miles de años y seguimos creyendo que nosotras les debemos paciencia.

¿Por qué si yo no tengo ganas de verte debo hacer el esfuerzo de poner buena cara y salir?

Pero, en cambio, yo debo procurar tu descanso.

El amor romántico sigue siendo una trampa, en donde no es que el que quiera más pierde. Sólo que una de las partes siempre asume el cuidado, y qué difícil.

Es por eso que yo no quiero deberte nada, no quiero que después digas que por mí hiciste esto y lo otro. Pero que irónico, porqué incluso yo asumo el cuidado y qué canijo.

Quisiera sólo comprometerme hacia contigo, pero que sea mutuo. No lo hace mutuo que digas que sientes lo mismo, los hechos son los que siguen hablando y me desespero.

A veces quiero gritar lo mucho que me exaspera la desigualdad. Pero no lo hago, sólo callo.

Me gustaría decirte libremente “hoy no quiero verte, pero mañana sí”.

Qué libertad poder decir que no.

El amor romántico sigue siendo la trampa más grande dentro de todos los tipos de amor. Siempre se relaciona al sacrificio, a la paciencia… ¿Dónde quedó el propio amor?

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