Tres cosas que amé: los puntos suspensivos

Lo primero que amé de ti (.)

A estas alturas puedo escribir que no fue a ti a quien amé, fue la idealización de lo que eras tú y con lo que por bastante tiempo creía que era comodidad. Ni fue comodidad, ni fue amor; fue un ciclo de vicio hacía el querer dejar de estar aquí. Representaste lo más cercano que tuve a una experiencia de muerte.

Lo segundo, darme cuenta que no eras para mí (..)

Tuve que hacerme la tonta, utilizar estrategias del discurso para hacerme la que no comprendía y la que se tomaba muy convencida el hecho de estar junto a ti. Escondí a la parte racional para poder mantenerme siempre a tu lado, omitiendo mis ideas sesudas y el buen juicio que casi se agota con cada conversación que mantenías, pues sólo te escuchabas a ti mismo.

Lo tercero (…)

Desaparecer…

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