En este fin del mundo

La industria cinematográfica nos hizo creer que el fin del mundo iba a llegar entre guerras nucleares, zombies e invasiones alienígenas. Pero ¡Oh, sorpresa! Este fin del mundo nada tuvo que ver con esas narrativas, aunque igual se cumple con esa primicia de que todo cambió. Aún faltan muchas cosas por modificarse.

En las películas del fin del mundo, algo que me daba extrema curiosidad era saber cómo es que se vieron drásticamente modificados los hábitos sociales: las relaciones sociales, las escuelas presenciales y salir por placer. ¿En qué momento de la vida como se conocía se volvió imposible? ¿Cuándo se detuvieron por completo los trámites administrativos? ¿Cuándo se fueron los servicios como la luz y la seguridad pública?

Lo anterior no han sido elementos a los cuales se les preste o se discuta como tema principal. Obvio lo que se nos ha mostrado son historias individuales para conmovernos, historias ficticias. Ahora que están cada día más cerca de nosotros. ¿Nos conmoveremos con nuestras propias experiencias?

Justo ahora a más de uno la situación de la pandemia vino a mover todo lo que tenía planeado a lo largo del año, podríamos decir que a unos más que otros. Pero la desgracia nunca será motivo para comparar a los unos de los otros, finalmente a todos nos dejo sin algo o sin alguien.

Lo que sí es relevante destacar es que no todos se encuentran en las mismas condiciones para afrontar una pandemia. Por ejemplo, para ciertos sectores de la población es como el fin del mundo dentro de otro fin del mundo. Ya sea entre contextos de pobreza, violencia o falta de oportunidades; se les ha sumado la constante de que en cualquier momento se puede dejar de existir.

Un virus que nos hace recordar que somos nada ante el universo y que aplicará la ley selectiva del más fuerte en cuestiones biológico evolutivas; un virus que no sabe de voluntad humana, sólo es un virus; un virus que dejará cicatrices significativas en la piel y en el alma de más de una persona.

Un virus que no discrimina, pero en donde ciertos sectores están más expuestos que otros a él.

Ahora más o menos puedo comprender la necesidad humana de creer en mitos y deidades. Algunas personas tienen que depositar su fe y esperanza en algo físico, así se siente casi posible. Pese que muchos de los desenlaces no están en nuestras manos.

La supervivencia se nota cada día más, pero ese es tema para otra entrada. Desde aquí espero que los desenlaces no sean horribles y que cada persona se pueda conservar humana, ojalá,

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