Microcuentos perdidos

Escribe cosas comunes, para la gente común, en un día común. Nada de emoción porque se ha extinguido. Vive en un pueblo donde nada pasa y todo es novedad, lo único que le queda es un hilo de lo que aparentemente fue su vida. Nada es seguro, pero puede creerlo y así pasa el resto de sus días.


Hoy me sorprendí al mirarme en el espejo, hace semanas que no me acercaba a uno. De repente lo único que pude notar fueron mis ojeras, ojeras que aumentaron terriblemente, al preguntarme la razón tu nombre salió disparado de mis labios y su contorno bailo frente al espejo.


Por primera vez miré el cielo con la ingenuidad que se requiere para desear algo inesperado.

Susurré «espero que sucedas».


En lugar de coleccionar números y fallidas citas, ella comenzó a tener una extrema fascinación por el corazón de quienes se convertirían en sus próximas víctimas.


Sí, así como lo pensó.

Les quitaba el corazón, podían seguir latiendo, pero lograba dejarlos vacíos, se llevaba todo de ellos sin dar nada a cambio. Se llevaba la esencia de cada uno y las enfrascaba ¿Para qué? —Estoy loca. — era su única respuesta.


—A ti. —Le dijo el hada madrina. —Te otorgaré el don de saber irte cuando sea el momento indicado, no antes, no después. No prolongarás los acontecimientos y entenderás que todo debe terminar, aunque, no por ello te dejará de doler menos.—


Escritos originalmente entre el 2015 y el 2018 en tumblr Turista de palabras.

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