Vomitar conejitos

El cuento de Carta a la señorita en París de Julio Cortázar es uno de mis favoritos. Aparece en el libro Bestiario, la primera vez que pude adquirir ese libro lo perdí en el cine. Así que después lo fui a sacar de la biblioteca pública Vasconcelos, acá en la CDMX.

Este cuento también lo utilicé como recurso en la universidad para realizar varias adaptaciones de guion a radio y televisión, me sentía conectada con la desdicha del protagonista. Si no ha leído el cuento, es un buen momento porque puede que esta entrada tenga uno que otro spoiler.

También debo aclarar que esta es mi interpretación y sentir con respecto a la historia. Todo lo que sucedió o no en su momento. Porque cada persona puede tener referentes diversos.


¿Alguna vez usted se ha encontrado al grado de desesperación tal que la única salida pensable es desaparecer? Pero desaparecer en serio, hasta de una misma. Qué canijo. —Piensan muchas personas.— Y lo es.

Pues algo así sucede con nuestro protagonista del cuento. Dentro de sí lleva una situación que es difícil de manejar, pero que de una u otra forma lo ha logrado debido a su ritmo de vida. Pero un día todas las circunstancias cambian, pero la situación difícil sigue con él. Así que no le queda más que moverse junto con ella.

Por un tiempo puede guardar las apariencias sobre la situación. Ella crece, crece y crece; ya no la puede esconder así que esa desesperación que se encontraba en pausa comienza a desbordarse y a colarse fuera del escondite de donde la tenían.

Su situación: vomitar conejitos. En el plano de la realidad puede ser cualquier evento/problema/situación desde lo anímico, físico y contextual. Porque es claro que aquí no vomítamos conejitos, pero sí otras especies.

¿Por qué conejitos? Nuestro protagonista nos lo deja claro a mitad del cuento. Cuando los conejitos son pequeños, parecen de lo más lindos e indefensos. Al paso de las semanas su apariencia ya no es tierna, corren de un lado a otro destruyendo límites y siguiendo su naturaleza.

El protagonista no los culpa a ellos por los destrozos, se culpa a sí mismo porque es su origen. Así que se impone un límite. Cómo cuando nosotros lo hacemos con aquello que no queremos que se salga de nuestras manos. En un comienzo parece que funciona, pero igual todo se sale de control.

En el cuento el problema se soluciona de una forma radical, con la muerte del origen y de sus consecuencias. La muerte del hombre y de los conejitos.


La frustración está latente actualmente, mucho se debe a lo que pasa dentro de los múltiples contextos. Esta no es una historia optimista ni de largo aliento, pero sucede.

De cuando en cuando ocurre que no ves salida ante las situaciones más complejas. Así de complejo resulta desaparecer también y mucho más hacerse cargo de tanto conejito suelto.

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