Cuento corto: La mujer descalza

Desde su nacimiento se había acostumbrado a andar sin calzado, le gustaba la sensación de conectar con el suelo y la tierra directamente. Además quienes la cuidaban no encontraban ningún problema por el cuál no pudiera hacerlo.

Dentro de su hogar, todas las mañana salía al jardín cuando el sol se encontraba en plenitud. El calorcito del pasto le subía hasta el corazón.

No había tenido necesidad alguna de salir, pero sus adultos a cargo se preocupaban. Pues ya era momento de que ella conociera más que su jardín.

No sé preocupen por mí, estaré bien. Verán que nadie nota mis pies descalzos.

Las adultas a cargo no estaban preocupadas por sus pies descalzos. De lo que estaban preocupadas era de los pies de los otros en el exterior.

Trataron de convencerla para no salir. Y era cierto que dentro, jamás le había faltado nada. Era libre de no usar calzado, pero tampoco iban a imponerle la idea sólo por salir al exterior.

Sólo les quedaba desearle suerte.

Así un día ella salió, pasaron horas, horas y horas. En su casa el peso de la preocupación ahogaba el aire. No llegó ese día, ni al siguiente. No volvió jamás.

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