La mujer que era muro

Escrito un 25 de septiembre del 2016

¿Debería ser así?
¿Debería frenarme y tener miedo si digo esto o lo otro?
¿Debería limitar mis emociones?
¿Debería hacerme la tonta?
¿Debería dejarlo pasar?
¿Debería?
¿Qué está pasando conmigo?

Cuando esta última pregunta inundó mi mente comencé a plantearme la relación conmigo.

¿Aún existe la individualidad de la que siempre me enorgullecí?

Es un poco diferente cuando estás del otro lado, de ese lado que tiene que ser consiente del otro y no enloquecer en el intento.

De este lado llamado -paciencia-.


Soy todo menos paciente, siempre he sido yo la que demanda paciencia, la que cuestiona, la que decide, la que no sede, la mala, la caprichosa, la demandante, la pragmática y contradictoria.

Siempre yo en mi pequeño universo -egoísta-, todo se trataba acerca de mí, pero ya no…

Ahora, los muros que construí para alejar a todo aquel que intentara acercarse. Todo aquel que intentara hacerme sentir. Todo aquel que se hiciera el importante en mi vida, a todo aquel que intentara contradecirme…

Ya no existen.

La mujer que era muro ha muerto hoy.

Está indefensa, vulnerable, aceptando su mortalidad y la finitud de su existencia.

Adiós muros.

Por vez primera me aventuraré a la vida sin su protección. Mucho he escuchado de lo que me espera. Sé que puedo —al igual que ustedes— morir.

Pero del mismo modo el miedo se ha deslizado para dejarme.

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