Lo malo, lo feo y lo rescatable de las “dating apps”

Hoy voy a rondar entre los mitos y las realidades de las apps de citas o dating apps . ¿Qué tan seguro es usarlas? ¿Sobre qué seguridad?

Desde hace un par de años he sido usuaria intermitente de dos de estas aplicaciones: Tinder -la más famosa en occidente- y Bumble -la única competencia que le ha mantenido el ritmo e incluso mejoró en algunos aspectos.

Debo aclarar que las aplicaciones no son malas –sólo son programas y un conjunto de códigos en caracteres–, fueron pensadas para socializar. Sin embargo, lo que ha hecho crecer infinidad de mitos alrededor de ellas es la finalidad con la que se desarrollan sus usuarios dentro de las mismas.

Los prejuicios –en la superficie–

Los primeros prejuicios con los que me encontré repetidamente son dos:

  • Los usuarios sólo buscan encuentros sexuales casuales.
  • Los usuarios de estas apps están desesperados en el ámbito sentimental.

Hay muchos más, pero estos son los que se esparcieron más rápido con la llegada de las aplicaciones.

Aquí abro un paréntesis, porque desde que funciona el internet existen sitios web que se dedican a conectar a las personas. Algo como la clasificación de anuncios en los periódicos. Simplemente se mudaron de plataforma.

Dato curioso: YouTube fue planeado para que fuera LA aplicación de citas. Adelantado a sus tiempos.

Los prejuicios –como usuario–

El diseño de estas apps es sencillo. Creas tu perfil: agregas fotos, una descripción, seleccionas un rango de edad, preferencias y un rango en los kilómetros de distancia.

  • La mayoría de los usuarios no cree que vaya a encontrar «algo serio» dentro de las apps. –Usuarios en un rango de edad joven–.
  • La mayoría de los usuarios son «fit» y tienen una fotografía cerca de la Torre Eiffel.
  • La mayoría de usuarios no lee las descripciones.

La realidad

Cada usuario hace lo que quiere con su cuenta. Sin embargo, como todos los mensajes: comunican algo. ¿Pero cuál va a ser el significado? Depende. Más de lo que cada uno interprete de su lado, desde las fotografías hasta las conversaciones

Mas, es real que lo primero que ven los usuarios son las fotografías –el mismo diseño de las plataformas lo conduce así–. Así que en su mayoría la primera opinión se va a formar por las imágenes.

Por lo anterior, la mayoría de los usuarios se ocupa de llenar las posibles imágenes con las que consideran que los representa más o donde se ven mejor.

Dato curioso:

La mayor preocupación de los hombres es que si llegan a conocer a sus matches ellas no se parezcan a la foto o sean gordas.

La mayor preocupación de las mujeres es que lleguen a secuestrarlas a través de un perfil falso.

Lo malo y lo feo

No sé si suceda sólo en México, pero en general la mayoría de sus usuarios necesitan trabajar en el sentido emocional de sus personas. Platicando con más usuarios, muchas personas coincidimos que son más las experiencias poco agradables que las que no lo son.

Desde agresiones verbales dentro de las conversaciones sólo por no coincidir en los mismos puntos. Hasta personajes que han propuesto matrimonio en la primera cita.

No es juzgar a todos los usuarios, pero hay un gran porcentaje de historias peculiares y arranques violentos –en lo verbal y escrito–. Basta con leer algunas descripciones de muchas de estas personas.

Como sociedad aún no comprendemos de interacciones responsables. Muchos individuos necesitan trabajar en sí para no ser un peligro para otros.

Pero como mencioné antes, no creo que sea culpa de las apps. Es más la forma en que hemos interactuado a través de ellas.

Otro aspecto es el propio diseño de la app –visualmente– es sólo un catálogo de personas. ¿Quiénes son? ¿De verdad son quienes dicen? ¿Se miran así la mayor parte del tiempo? Llega a ser demasiado impersonal, lo cual es paradójico.

Lo rescatable

Pese a todo lo anterior, de vez en cuando. –Tal vez uno entre treinta matches–. Puedes coincidir con personas de conversaciones interesantes.

Mi recomendación

No las usen, ja, ja, ja. Personalmente si pueden, eviten crearse una cuenta de estas. No por una cuestión moral ni nada de eso, sino porque en serio aunque la tecnología haya avanzado bastante, aún no compartimos adecuadamente una comunicación efectiva.

Sólo por eso, pero igual cada persona es libre de decidir entrar en ese mundo o no.

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