Quince minutos

Qué extraños tiempos para ser en Domingo.

El día comenzó, sin mí. Yo seguía soñando con las ausencias de mis fantasmas.

En el sueño Dominga me contó que aún no podía irme. ¿Por qué no? Ella sólo me miró, se rió y se fue. Sólo ella sabe irse tantas veces.

Entre el dolor de cabeza y el mareo, por fin pude levantarme. ¿Por qué comenzar hoy si es domingo? Dejemos las ganas de mover el polvo para mañana.

Gelatina y pan para el desayuno. Un ambiente extraño señala los cambios en el caos. Aumenta la incertidumbre, por si no creía que eso pudiera ocurrir.

La comida fue gelatina y lentejas. Según la tradición –quien sabe de quién– si las comes al iniciar el año no te faltara de dinero.

Para la cena un rol de canela y agua de horchata. El agua aún está helada, el ambiente después de la lluvia también comparte clima con ella.

Los últimos quince minutos del domingo para desgastar palabras cotidianas.

Los últimos quince minutos del domingo. Antes vi una película, de un final real y crudo. Como la vida.

Los últimos quince minutos para creer que fue un buen día. Sigo respirando. Dominga dice que aún no me extinguiré.

Los últimos quince minutos para delatar que el caos en los tiempos verbales es eso.

Los últimos quince minutos del domingo para escuchar la voz del que me gusta. En domingo.

Los últimos quince minutos de ESTE domingo, que nadie podrá regresarme.

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