Equis con el bato

Ya no me reprocho el no salir a tiempo de ti, de tu vida.

Tú fuiste el poder dominante en ¿nuestra? -relación-, todo iba en función de tus intereses y de tu tiempo.

¿Yo? Ja. Sólo debía acoplarme a tus sobras de lo que fuera que dabas.

¿Cómo fue que no te diste cuenta? Me cuestionaba mi madre.

No lo sé. Fue lo único que pude responder en esos momentos.

No lo sabía.

Machaqué a mi pobre cerebro, busqué algo que resultara lógico ante el aguante de tanta violencia. Tenía miedo de ti, tuve mucho miedo y esa fue la razón de mi permanencia junto a ti.

Qué barbaridad.

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